El 10 de mayo de 2002 marcó un hito en la historia de nuestra Patria. Por primera vez los ciudadanos ejercían su derecho constitucional a la iniciativa legislativa. 11020 cubanos con derecho legal al voto presentaban en la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular una solicitud de referendo, para que el pueblo decidiera en las urnas si quería que las leyes reconocieran y garantizaran en la práctica, su derecho a la libertad de expresión y asociación, libertad de prensa, libertad para poder invertir en su propio país y poder contratarse libremente, una amnistía para los presos políticos, una nueva ley electoral que les permitiera ejercer realmente su derecho a elegir y a ser elegido, y la convocatoria a elecciones libres y competitivas.

Si bien el Proyecto Varela fue una iniciativa surgida desde el Movimiento Cristiano Liberación, no fue presentada como una iniciativa partidista sino como iniciativa ciudadana. Por eso muchos cubanos lo hicieron suyo. Y no solo participaron miembros de la inmensa mayoría de las agrupaciones de la oposición democrática y de la sociedad civil independiente, sino también muchos ciudadanos que no formaban parte de estos grupos, quienes liberándose de sus temores se involucraron en su promoción y en la recogida de firmas.

El 10 de mayo de 2002 fue solo el primer paso. Pero fue un gran paso que estremeció los cimientos de una dictadura totalitaria que hasta ese momento se creía invencible y eterna. El régimen castrista, acostumbrado a imponerse a base de represión y silenciamiento de toda crítica social, veía como los ciudadanos comenzaban a vencer el miedo y a reclamar abiertamente sus derechos. Por eso literalmente paralizó de manera total el país durante 3 días para obligar a la mayoría de los ciudadanos a firmar un documento donde expresaran su apoyo incondicional a la dictadura.

Pero como el régimen era consciente de que esa lealtad era forzada, fingida e irreal, y que el Proyecto Varela seguía creciendo en simpatía y popularidad, decidió asaltar a la oposición, especialmente a la mayoría de los líderes de los Comités Ciudadanos Gestores del Proyecto Varela, en un intento de descabezar la campaña cívica y de aterrorizar una vez más a la población. Por eso, aprovechando además que el centro de atención mundial en ese momento estaba enfocado en la Guerra del Golfo y creyendo erróneamente que pasaría desapercibido, desató una gran ola represiva que tuvo que detener ante la avalancha de críticas y condenas de la opinión pública mundial, que llegaba incluso desde no pocos de sus simpatizantes en el exterior. No obstante, los prisioneros de la Primavera de Cuba sumaron 75 y fueron condenados, en juicios que eran una farsa, a larguísimas penas de prisión. La mayoría de ellos fueron desterrados 7 años después, directamente desde la prisión, hacia España.

Al resto de los activistas y líderes que no fueron encarcelados les redoblaron las  medidas de vigilancia y represión, les hicieron actos de repudio y campañas difamatorias. Muchos de los 11020 firmantes fueron visitados en sus casas por oficiales de la Seguridad del Estado para intimidarlos y forzarlos a renegar públicamente del Proyecto Varela. Algunos fueron expulsados de sus centros de trabajo o de las universidades donde estudiaban. Pero la inmensa mayoría se mantuvo firme y no cedió a las amenazas y chantajes de las fuerzas represivas.

A pesar de esa represión, a esa vanguardia de 11020 ciudadanos, se sumarían después 14384 en 2004 y 10009 más en 2016, totalizando 35413 cubanos que demandan un referendo para que sea el propio pueblo quien decida soberanamente su futuro y que nadie más se autoproclame su vocero.

Cada día que pasa se hace más evidente que la dictadura totalitaria cubana no tiene otro proyecto que no sea mantenerse en el poder a toda costa y a todo costo. Y que su proceso de cambio-fraude sólo busca garantizarle a los herederos de la oligarquía político-militar del partido único, privilegios exclusivos y la condición de capitalistas únicos. Y mientras mantienen al pueblo oprimido, excluido y despreciado, le dicen cínicamente que la solución de todos sus problemas (que fueron creados por la propia junta político-militar con su ineptitud, prepotencia y represión) es la continuidad de ese orden sin libertad y sin derechos al que llaman socialismo.

Por eso cada día son más los cubanos que van perdiendo el miedo y reclaman sus derechos. Por eso el Proyecto Varela todavía vive. Por eso todavía le temen. Por eso el régimen no se atreve a convocar un verdadero referendo, con todas las garantías jurídicas, que le permita al pueblo ejercer realmente su soberanía y escoger libremente su destino. Por eso hoy, 18 años después, el Proyecto Varela sigue siendo el mejor camino para una transición cívica y pacífica, de la ley a la ley, de la dictadura totalitaria actual hacia un verdadero estado de derecho y de democracia plena.

¡Felicidades a todos los firmantes del Proyecto Varela, y en especial a esos 11020 valientes que iniciaron el camino hace ya 18 años!