Un nuevo capítulo del cambio-fraude se ha puesto en marcha. Que la junta político-militar que dirige el país haya tenido que recurrir a la reactivación del defenestrado y públicamente vilipendiado y humillado Carlos Lage, muestra hasta qué punto son conscientes del descalabro de la dictadura y de su pérdida de credibilidad. Su discurso ya no motiva ni convence siquiera a sus seguidores al interior de Cuba (las imágenes de los forzados «actos de reafirmación revolucionaria» que están realizando en toda Cuba son realmente patéticas) y muchísimo menos a quienes incondicionalmente le apoyan y promueven en el exterior.

El video del tronado Carlos Lage que están haciendo circular en las redes sociales no es un simple video familiar de cumpleaños que se haya «filtrado» y «viralizado». Es una verdadera obra de marketing político, cuidadosa y profesionalmente elaborada y editada. No es casual tampoco que en el video aparezcan reiteradamente imágenes de otras figuras del régimen igualmente destituidas, que fueron colaboradores muy cercanos del dictador Fidel Castro.

Buscan desesperadamente una figura del régimen que sea conocida, familiar, pero que no forme parte del actual aparato estatal-partidista, totalmente repudiado por la población. Alguien que pueda ser vendido como un «outsider reformista», que  promueva «cambios profundos» y soluciones «arriesgadas», con un discurso «audaz», pero sobre todo «leal» al castrismo. Alguien que pueda ser visto por unos como una suerte de Deng Xiaoping tropical y por otros, como la versión criolla de Mijaíl Gorbachov.

Pero por mucho que se esfuerce, no puede ocultar su verdadera esencia. El infame Carlos Lage se muestra como lo que siempre ha sido. Un miembro de la oligarquía totalitaria, lleno de privilegios y prebendas, y adulador de dictadores. Un hombre tan indigno como la dictadura que defiende y pretende salvar.

Los cambios profundos que Cuba requiere no son los cambios cosméticos de la Reforma Constitucional de 2019, que aparentaban cambiarlo todo sin cambiar esencialmente nada. Ni son los «cambios» parciales de los Lineamientos y la Tarea Ordenamiento del Partido Comunista de Cuba. Tampoco reformas económicas, más o menos «profundas», al estilo de China o Vietnam, que busquen hacer eficiente y próspera a la dictadura. Ni muchísimo menos propuestas «arriesgadas» de una pseudodemocracia controlada como en Rusia, Bielorrusia, Birmania, Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

El único cambio profundo que Cuba anhela y pide a gritos es el fin de la dictadura totalitaria del Partido Comunista de Cuba. Los verdaderos cambios que Cuba necesita son la devolución de la soberanía, la libertad plena y todos los derechos a todos los cubanos, para iniciar así una transición ordenada y pacífica hacia una democracia real y efectiva, y un verdadero estado de derecho. Solo así podremos construir una Cuba como la soñó Martí, «con todos y para el bien de todos».

¡No al cambio-fraude!

¡Libertad y Vida!

¡Todos cubanos, todos hermanos y ahora, la libertad!