Espero que todos los ilusos y los ingenuos que se han tragado el cuento de que Díaz-Canel es quien manda en Cuba, se hayan dado cuenta en estos días de que él no es más que una marioneta de la junta militar que ha regido nuestro país por más de 60 años. Raúl Castro, Ramiro Valdés y José R. Machado Ventura han retomado públicamente el control y la dirección del país y de la represión, de manera ilegal e inconstitucional. Se consideran a sí mismos dioses. Por eso incluso las leyes y la Constitución que ellos mismos se hicieron, a su imagen y semejanza, son letra muerta cuando de conservar su poder se trata.

Y no estoy diciendo que Diaz-Canel no tiene su cuota de responsabilidad. ¡Por supuesto que la tiene, y mucha! Fue él quien llamó en la televisión nacional al enfrentamiento entre cubanos. Fue él quien dio públicamente la orden de reprimir por todos los medios posibles cualquier manifestación de descontento popular.

Pero seamos serios y honestos. Todos sabemos que él no tiene ningún poder real, que solo cumple las órdenes que le dicta la cúpula militar que lo impuso a dedo en sus cargos, lo que no lo exime de responsabilidad alguna. Y también sabemos que para esa mafia, él es totalmente prescindible. Y que si llegado el caso, para salvar y sostener su poder lo tienen que «sacrificar» y usar de chivo expiatorio, obligándole a renunciar o incluso destituyéndole, lo harán sin miramientos ni remordimientos de ningún tipo. No son pocos los lacayos del régimen a los más altos niveles, a quienes ya han aplicado esa receta.

Y buscarán con eso calmar los ánimos caldeados del pueblo y dar una imagen hacia el exterior de cordura, rectificación y tolerancia. Pero no nos dejemos engañar. Sólo buscarán ganar tiempo, para así poder conservar su poder hegemónico a toda costa y a todo costo.

Impondrán otra marioneta. Y harán, quizás, algún paripé de diálogo con una contraparte escogida por ellos mismos. Y otorgarán algunas concesiones menores, en forma de nuevos permisos y autorizaciones, pero nunca el reconocimiento y la garantía de todos los derechos para todos los cubanos.

¡Basta ya de ingenuidad! No podemos seguir bailando al ritmo del son que nos toca la dictadura. No podemos seguirle el juego al régimen, aunque se haga aparentemente oponiéndosele. Llamemos las cosas por su verdadero nombre. No existe un gobierno cubano, ni Díaz-Canel dirige nada. En Cuba solo tenemos, y hemos tenido durante más de 60 años, dictadura totalitaria castrista. Y los cubanos no necesitamos un nuevo Mariel; los cubanos necesitamos una nueva Cuba, verdaderamente libre, democrática y próspera, de la que nadie tenga que escapar para poder vivir dignamente.

Enfoquemos nuestras energías y acciones hacia donde tiene que ir en realidad. No se trata de cambiar de figuras, sino de erradicar de raíz el totalitarismo castrista. Hay que devolverle al pueblo cubano todos sus derechos, para que así pueda, en un ambiente de libertad plena, decidir de una manera verdaderamente soberana, su presente y su futuro. Pero sólo lo lograremos si volvemos a llamar al pan, pan; y al vino, vino.