En el mundo de la política, el populismo y la demagogia siempre han estado presente de una u otra manera. Desafortunadamente son muchos los políticos que tienen un discurso para agradar al electorado, y una vez ganada la elección comienzan a actuar en sentido totalmente diferente. Son precisamente estos políticos los que generan en los ciudadanos rechazo y apatía hacia lo político. Y le abren entonces las puertas de la política a lo peor de la sociedad.

Y también abunda el servilismo. Desde otros políticos que quieren alcanzar o conservar determinados puestos, hasta periodistas que buscan congraciarse con el poder para garantizar ciertas primicias, y pasando incluso por ciudadanos que buscan algunos beneficios.

Y ésto es algo que sucede no solo en sociedades libres y democráticas. En los sistemas dictatoriales, especialmente en países bajo dictaduras totalitarias como la cubana, el populismo, la demagogia y el servilismo van de la mano, casi siempre unidos a una alta dosis de cinismo y crueldad.

En Cuba sobran los ejemplos. Desde figuras en altas posiciones políticas como Carlos Aldana, Roberto Robaina, Carlos Lage, Felipe Pérez, Hassan Pérez, Nelson Torres, Lázaro Expósito o Miguel Díaz-Canel; hasta determinados personeros del régimen en espacios de cierta relevancia en los medios de comunicación, como Héctor Rodríguez, Randy Alonso o Humberto López. Es de notar que de la misma manera que la dictadura los utiliza, cuando les estorban o ya no les sirven, no le importa que hayan sido sus más devotos lacayos. Los humillan y denigran de la misma manera vil y sin derecho a réplica que ellos usaban contra otros. Y así como mismo los encumbran, los desaparecen (sea en sentido figurado o incluso literal).

Pero desafortunadamente esto no es algo que se vea solamente desde el poder. En el seno de la oposición a la dictadura también se ven muchos oportunistas, que lo mismo cambian de postura o hasta de casaca ideológica en dependencia de su audiencia; que asumen un estilo y un lenguaje ajeno al uso, a la idiosincrasia y a las tradiciones cubanas para congraciarse con determinadas élites de poder; que dicen lo que la gente quiere escuchar pero sin que haya un verdadero compromiso de un accionar coherente con su discurso. Muestran determinadas posiciones ante los ciudadanos pero en realidad actúan de otra manera, sirviendo a otras agendas que son las que les pagan su estilo de vida.

Como tampoco el populismo y el servilismo son fenómenos exclusivos de la política. También se dan, por solo citar un ejemplo, en el mundo de la cultura. Si bien es cierto que hay muchísimos mediocres que sólo logran ascender y “triunfar” a base de servilismo y chivatería, también es cierto que abundan los ejemplos de creadores talentosos en diversas áreas de la cultura, que comienzan mostrándose un tanto críticos de la realidad social, y más cercanos al pueblo, a sus necesidades y a sus vivencias, buscando ganarse su simpatía y alcanzar cierto nivel de popularidad.

Para luego, cuando ya son “famosos”, mostrarse como lo que realmente son. Unos vulgares oportunistas y unos miserables que defienden vilmente la infame dictadura totalitaria que oprime a su pueblo. Prostituyen sus talentos. Quizás porque en el fondo, al igual que los mediocres, se sienten incapaces de obtener por sí mismos, de manera auténtica, lo que esperan que les otorguen como dádivas. Aunque talentosos, son de alma mediocre, cuando no vil.

Las recientes declaraciones de Alejandro García (Virulo) en el programa televisivo de un infame representante de la dictadura castrista, en contra de la labor de sus propios colegas, ha levantado un cierto revuelo en el gremio de los humoristas. Pero más allá de la polémica desatada por sus palabras o de las respuestas que le han dado, lo cierto es que Virulo representa en el Humor, lo mismo que Leonardo Padura en la Literatura, Eduardo del Llano en el Cine, o Silvio Rodríguez y Buena Fe en la Música. Puro oportunismo y servilismo miserable que busca lavarle la cara a una dictadura totalitaria a cambio de prebendas.

Tenía muchísima razón el más universal (y también el más manipulado) de los cubanos, el Apóstol de nuestra Independencia José Martí, cuando dijo que “no hay en verdad espectáculo más odioso que el de los talentos serviles”.