La siguiente es una historia de ficción, un cuento. Por tanto sus personajes, hechos o lugares son ficticios. Cualquier semejanza del cuento con personajes, hechos o lugares de la realidad, no es pura coincidencia.

Había una vez un país llamado Establos Fundidos de Animalia. En él convivían amistosamente animales de todas las especies, razas y orígenes. Por su respeto absoluto a la individualidad, la libertad y los derechos de cada especie, el país alcanzó un progreso enorme y un altísimo nivel de vida. Por eso se convirtió en el principal y más importante país del Reino Animal. Algunos países lo admiraban, los más lo envidiaban y otros lo odiaban y querían destruirlo.

Sus dos partidos políticos fundamentales eran el Partido de los Burros y el Partido de los Elefantes. Existían además otros partidos, pero como éstos no eran realmente muy populares, varios de sus adeptos se fueron introduciendo en alguno de los dos grandes partidos. Así por ejemplo, algunos Bisontes y Rinocerontes entraron al Partido de los Elefantes, mientras que no pocas Ratas e incluso Hienas se afiliaron al Partido de los Burros, y poco a poco fueron escalando posiciones hasta que finalmente llegaron a dominar sus estructuras. Los Camaleones por su parte, no distinguían mucho entre ambos partidos y se unían indistintamente a uno o al otro, incluso a veces se cambiaban de bando.

Ante la pésima gestión del último gobierno presidido por Barancio Olabia y José Bidet, del Partido de los Burros, Donaldio Trompoloco, exitoso empresario que no provenía precisamente del Partido de los Elefantes, sino más bien de los Lobos, decidió unirse a ellos y presentarse a las elecciones. Por su inexperiencia política y su estilo poco ortodoxo y directo, realmente casi nadie le otorgaba posibilidades de triunfo. Muchísimo menos los medios noticiosos, que en su mayoría ya habían sido copados también por los partidarios de las Ratas. Sin embargo, contra todo pronóstico, Trompoloco, apoyado por el Partido de los Elefantes, logró vencer en las elecciones a la favorita de todos los medios, la candidata del Partido de los Burros Hilaria Colina, quien había ejercido como Canciller en el primer período de gobierno de Olabia y Bidet.

Fue tal el trauma provocado por esa derrota inesperada, que durante todo el tiempo del primer mandato de Trompoloco, el Partido de los Burros y los partidarios de las Ratas, ya sin esconder tanto su verdadera identidad, sólo se dedicaron a intentar derrocarlo por todas las vías posibles, y cuando les fue evidente que ya no podrían hacerlo, entonces decidieron hacer hasta lo impensable para que no pudiera gobernar. Pero Trompoloco era muy astuto y perseverante. Por eso siempre se las arregló para salir airoso ante cada artimaña y llevar a buen puerto sus propuestas y proyectos.

Al llegar el momento de las siguientes elecciones, el Partido de los BuRratas (como ya para entonces muchos le llamaban, ya que aunque formalmente seguían llamándose Partido de los Burros, de estos apenas quedaban rasgos casi irreconocibles) apostó por el ya decrépito José Bidet y la rata Camila Jaula.

Pero para los magnates Jorge Zorros y Miguel Blúmer (principales promotores y financistas de las Ratas, las Hienas, las Auras, los Camaleones y otros grupos que, aunque diversos y diferentes entre sí, coincidían en su afán de querer destruir al principal país del Reino Animal) estaba claro que debido a la popularidad alcanzada por el gobierno de Donaldio Trompoloco y Miguel Pérez gracias a sus innegables éxitos, era casi imposible derrotarlo en las urnas legítimamente. Por eso decidieron dar un golpe de estado electoral. Para ello, seguidores de la máxima de que lo importante no eran los votos emitidos sino quién los contaba, se aseguraron primero de que el sistema informático que se utilizara en los comicios fuera el mismo utilizado para cometer fraude electoral en otras tierras, como en el País de los Turpiales, y que estuviera controlado por una compañía perteneciente a Hilaria Colina y su esposo Guillermo, quien ya previamente había ejercido como Presidente del país.

Seguidamente abonaron el terreno financiando y promocionando encuestas falseadas a través de casi todos los medios noticiosos (Agencia Pocilga, Cadena de Noticias Negativas, Agencia de Bazofia de Corral, Nueva Basura Comunitaria, Cadena de Bazofia Social, Fo Noticias, TeleInmundo, Unikavisión, Nuevo Yerbazal Times, Gallinero Post, Chiquera Tribune, Pantano Herald, entre otros), que auguraban un triunfo arrollador de Bidet y el Partido de los Burros (todavía usaban ese nombre para confundir a los votantes y evitar que los rechazaran).

Pero eran tan evidentes los triunfos que iba alcanzando Trompoloco en la contienda electoral, que era solo cuestión de tiempo para que se le declarara vencedor indiscutible en los comicios. Por eso no les quedó más remedio que forzar su plan. Detuvieron el conteo de votos tarde en la noche, para en la madrugada inyectar un alud de votos falsos, en favor de su candidato Bidet.

Pero Trompoloco, que los conocía muy bien y se dio cuenta enseguida de su jugada, se les adelantó y comenzó inmediatamente a denunciar el proceder fraudulento que se estaba implementando. Entonces los principales medios de (des)información, integrados ya en el oculto Consejo de Desinformación y Repetición, en colusión con la también secreta y recientemente constituida Unión de Redes Sociales Sectarias, decidieron censurar tanto las declaraciones de Trompoloco como las opiniones de todo el que lo apoyara.

Y acto seguido pasaron a la etapa final y decisiva del golpe. Usurpando las funciones de los colegios electorales, los medios de (des)información y las redes (anti)sociales decidieron, sin siquiera esperar a que finalizara el conteo de votos, proclamar a los cuatro vientos a José Bidet como ganador de los comicios. Para ello lanzaron una ofensiva propagandística masiva, tanto a nivel nacional como internacional, que buscaba presentar el supuesto triunfo de Bidet como un hecho consumado. Lo que fue acogido con beneplácito por todos los enemigos del país, como la Tierra de los Pandas, el Califato de los Camellos, la República del Oso, la Isla de las Jutías, el País de los Turpiales, entre otros. Incluso no pocos de sus aliados internacionales se dejaron llevar por tan abrumadora propaganda engañosa. A lo que se unió la férrea censura de cualquier pronunciamiento que negara o siquiera cuestionara ese resultado.

Pero Trompoloco no se amilanó y comenzó una ofensiva legal contra el fraude. A pesar de la censura de los medios y las redes sociales, la verdad poco a poco se fue abriendo camino. Comenzó a develarse así la verdadera magnitud de un proceso que más que fraudulento era verdaderamente golpista. Y también a identificarse a muchos de los involucrados.

El proceso judicial llevado a cabo comprobó las denuncias de Trompoloco y falló a su favor reconociendo su contundente victoria en las elecciones. Aunque algunos de los principales involucrados en el intento fallido del golpe electoral fueron detenidos, juzgados y condenados a prisión, la mayoría de sus principales cabecillas, financistas y promotores lograron huir del país y evadir la acción de la justicia.