En la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 se construyó el Muro de Berlín, símbolo de la opresión comunista al pueblo de Alemania Oriental. Conocido mundialmente como el Muro de la Vergüenza, fue eufemísticamente denominado por los regímenes totalitarios bajo el imperio comunista soviético como Muro de Protección Antifascista. Pero en realidad era para evitar que la gente escapara de la mal llamada República Democrática Alemana (comunista) hacia la República Federal de Alemania (capitalista), pues en sentido inverso nadie intentaba escapar. Como tampoco nadie, ni desde el diabólico USA ni desde ningún otro país del mundo sometido al terrible sistema capitalista, se lanza al mar en una balsa hacia el paraíso socialista de Cuba.

Se ha documentado que más de 200 personas murieron intentando cruzar el Muro de Berlín, algunos por pisar las minas sembradas por los militares del régimen comunista de la RDA, pero la mayoría por disparos de sus guardias fronterizos. La primera víctima mortal fue Peter Fechter, quien con solo 18 años de edad, el 17 de agosto de 1962 fue alcanzado por disparos de guardias que custodiaban el Muro y agonizó desangrado casi una hora, sin que le prestaran asistencia, a la vista de los medios occidentales. 

El 5 de febrero de 1989, una vez más por disparos de soldados del régimen de la Alemania comunista, cae asesinado quien sería la penúltima persona en morir tratando de cruzar el Muro, pero última víctima fatal por el uso de armas, Chris Gueffroy, de 20 años de edad, otra vida joven que privaban de sus sueños de vivir en libertad. La última persona en morir cruzando el Muro fue Winfried Freudenberg, un joven ingeniero eléctrico de 32 años de edad, quien el 8 de marzo de ese mismo año intentó escapar sobrevolando el Muro en un improvisado globo aerostático. 

En enero de 1989, el dictador de la Alemania comunista Erich Honecker había dicho que el Muro de Berlín duraría unos 50 ó 100 años más. Pero la realidad fue bien distinta. En la noche del 9 al 10 de noviembre de ese mismo año, los ciudadanos de Berlín comenzaron a derribar con cuanta herramienta tuvieron a su disposición (martillos, mandarrias, picos, etc.) el ignominioso Muro. Fue derribado así el principal símbolo de la división de Alemania y de la Guerra Fría.

Pero no sólo derribaron el muro físico sino también varias leyendas. Esa noche se demostró que el supuesto apoyo masivo dentro de la población al totalitarismo comunista era solo un mito, sostenido por la propaganda, la censura y la represión. Eso provocó que no pocos de los funcionarios del régimen comunista alemán, especialmente oficiales de la temida Stassi, se suicidaran temiendo que pudieran ser linchados por esas masas enardecidas que derribaron el Muro. Pero los ciudadanos alemanes que querían cambios probaron que no estaban sedientos de venganza, como repetía el régimen una y otra vez, sino de libertad. Por eso en el derribo del Muro de la Vergüenza no primó un espíritu de odio y revanchismo, sino un ambiente festivo y de reconciliación nacional.

El derribo del Muro de Berlín provocó que cayeran otros muros, pero todavía hoy se mantienen algunos. Cuba sigue encerrada bajo ese muro invisible, que de vez en cuando han abierto como válvula de escape para liberar la presión interna, pero que sigue ahí, herméticamente cerrado, confinando a los cubanos bajo el yugo de un régimen totalitario que los mantiene secuestrados en un campo de concentración gigante, sin libertad ni derechos, mientras les obliga a proclamar públicamente su lealtad y agradecimiento.

A la oligarquía político-militar que rige el país, como a la de Alemania comunista, no le ha temblado la mano a la hora de reprimir e incluso mandar a matar para preservar el poder y sus privilegios, como lo hicieron con el hundimiento intencional del remolcador 13 de Marzo, o con el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, o con el asesinato de Oswaldo Payá y Harold Cepero. 

El régimen totalitario cubano trata de infundir temor en la población, acusando a los cubanos que buscan cambios hacia la democracia real y la instauración de un verdadero estado de derecho en Cuba de ser lo que ellos en realidad son, una mafia vengativa. Por eso cada vez que pueden los denigran públicamente con epítetos como gusanos, excubanos o mal nacidos en Cuba.

Y también los acusa de querer hacer lo que ellos ya han estado haciendo, repartirse Cuba como un pastel. No les ha bastado con ser Partido Único, sino que ahora también quieren ser Capitalistas Únicos. Por eso, mientras los jerarcas y sus descendientes se dan una vida de millonarios, asfixian económicamente al pueblo y le obligan a repetir la consigna-sentencia de “Socialismo o Muerte”.

Que este 31 Aniversario del derribo del Muro de Berlín nos lleve a interiorizar que los muros, reales o ficticios, que nos mantienen confinados, no se caen sólos, hay que decidirse a derribarlos. Y que tanto ese supuesto y falso apoyo masivo del pueblo al régimen comunista, como los miedos al cambio que tratan de infundir en la población, no son más que mitos que se derrumbarán cuando los cubanos, venciendo sus temores, se determinen a reclamar, sin odio pero con firmeza, sus derechos hoy conculcados. 

¡Libertad y Vida para Cuba!

¡Todos cubanos, todos hermanos y ahora, la libertad!