Dicen que los cubanos, o nos quedamos cortos o nos pasamos, pero nunca llegamos al punto exacto. Parece que, como pueblo, nunca aprendemos de nuestros errores y por tanto estamos condenados a repetirlos.

Hay quienes emulan a Cantinflas y hablan mucho sin decir realmente nada concreto. Les encanta oirse a sí mismos, aunque no digan ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario.

Hay quienes cada vez que hablan demuestran su ignorancia, aunque ellos en su globo de supuesta superioridad intelectual ni siquiera se enteran, y sus admiradores les tengan por personas cultas e informadas y les aplaudan los disparates.

Hay quienes dicen una cosa hoy y mañana impúdicamente dicen justamente lo opuesto. Y a veces incluso ratifican ambas posturas a la vez. No es lo mismo “yo me baño en el río” que “yo me río en el baño”. Y no porque se diga y se repita hasta la saciedad que se pueden hacer las dos cosas, significa realmente que son lo mismo o que son complementarias. Más bien lo que se busca es esconder o no admitir que se ha dicho una barrabasada o que se está proponiendo y defendiendo un absurdo.

Hay también quienes creen que el mundo cambió cuando ellos cambiaron. Se creen los descubridores del agua tibia o los inventores de la rueda. Antes que ellos no existió nada. Y sólo ellos tienen la luz y la inteligencia necesarias para discernir la verdad.

Y hay quienes han logrado cierto nivel de popularidad y se les ha subido (o le han subido) la fama para la cabeza. Y se creen que tienen a Dios cogido por las barbas. O peor aún, que ellos son Dios.

Hay quienes apenas ahora comienzan a descubrir un mundo que desconocían porque se les prohibía, o se les ocultaba, o no se atrevían a buscarlo. Y se deslumbran con lo primero que descubren, por la promoción que tienen. Y a veces, como es lo único que se promueve, creen erróneamente que éso era todo lo que había por conocer. Y no se enteran (a veces no se quieren enterar) de que existe mucho más que eso. Incluso muchas veces mejor que lo más promocionado.

Hay quienes carecen de principios y valores sólidos. Hay también a quienes éstos les estorban. Y hay quienes quieren que nadie los tenga. Muchas veces se impone o promueve la ignorancia y el relativismo, aunque les maquillen o les disfracen para que no se les reconozca. Por eso también hay cubanos que, aún después de vivir muchos años fuera de Cuba, siguen buscando vivir de las ayudas gubernamentales en vez del fruto de su trabajo y esfuerzo. O que siguen prefiriendo una caldosa al típico ajiaco criollo. Cambiaron el entorno, pero no han cambiado ellos.

Hay quienes pretenden instaurar la democracia pero no aceptan las reglas del juego democrático si no les favorece. O quienes dicen oponerse a la dictadura castrista pero viven descalificando, excluyendo y asesinando mediáticamente a quienes no piensen como ellos ni se plieguen a sus propuestas.

Hay quienes plantean que todas las opciones son igualmente válidas, o que lo apoyan todo aunque sean propuestas totalmente opuestas, o que todos (los demás) deberían unirse (a ellos).

Pues no. No todo es igual. No todo es lo mismo. Ni es siempre prudente ni conveniente unirse a personas con agendas diferentes o con quienes no se comparten los mismos principios y valores.

Las frutas tropicales son muchas y muy diversas. No todas tienen el mismo color, ni la misma forma, ni saben igual, ni se comen de la misma manera. No es lo mismo un mango, que una guayaba, que un mamey, que una guanábana, que una banana, que una piña, que un coco, que un melón, que una papaya, que un mamoncillo, que un tamarindo, que un marañón.

Ni todos los cítricos son iguales, aunque puedan tener apariencias similares. El limón, la lima, la toronja, la naranja y la mandarina son completamente diferentes, tienen sabores totalmente distintos y tienen diferentes usos.

Como tampoco se deben usar todas para preparar un cóctel de frutas tropicales porque algunas, como la guayaba, le imponen su sabor a las otras e impiden que podamos disfrutar el rico sabor del cóctel. Curioso que la misma fruta que nos impide disfrutar del delicioso y exclusivo sabor proveniente de la diversidad presente en el cóctel es la que popularmente se utiliza como sinónimo de una gran mentira o embuste. ¿Pura coincidencia o sabiduría popular?

Más de 60 años de adoctrinamiento e imposición de un pensamiento único, totalitario, reduccionista, relativista y excluyente tienen su efecto en la mentalidad y en el comportamiento de una gran cantidad de cubanos, inclusive de algunos que se han opuesto abiertamente al régimen castrista. Pareciera que la solución a la dictadura totalitaria comunista sería sustituirla por otra, con una base ideológica aparentemente diferente, pero también única, y por tanto igualmente excluyente y discriminatoria. Con líderes autoelegidos o nombrados a dedo no se sabe a ciencia cierta por quién, igualmente intocables e infalibles.

No nos llamemos a engaño. Ser una persona con ideales democráticos, no es únicamente tener una visión y una manera determinada de entender el mundo y la sociedad. Sino que es también, y sobre todas las cosas, una manera específica de ser y de comportarse en la sociedad. Y eso es algo que muchos no logran entender.

Y aunque no tengo ningún título académico en fruticultura ni en artes culinarias, ni me considero un experto en esos temas, sí conozco lo suficiente para saber que ni el limón es la base de todo, ni la caldosa es igual al ajiaco, ni da lo mismo comer mango que guayaba que marañón.